El asunto de hoy

#MeToo

En aquel tiempo yo era joven y quizás hermoso. Estaba en esa tienda comprándome un traje, de modo que me probé uno y otro , y en cada prueba me miraba en un gran espejo, que ahí había, para ponderar el calce del chaleco, la caída de la tela en la chaqueta, el largo del pantalón y más. Con todo, no había en ello ni un átomo de vanidad.

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Legado

¡Ya me cansé! Decidí recorrer todo el camino andado e ir borrando cada huella de mi paso, cada obra propuesta, en cada lugar. Recorreré las redes sociales, las listas de amigos, las de interés e iré eliminando, de cada una, cada traza de mi paso. Volveré a cada viejo lugar de tertulia, a los cafetines, los restoranes, los lugares de encuentro, los clubes, las silenciosas bibliotecas, los mesones bulliciosos y en cada lugar sembraré el olvido borrando cualquier recuerdo, cualquier indicio, hasta que todos (casi nadie) hayan olvidado que existí o lo que dije y lo que escribí.

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Lafquenche: El hombre del lago

Si yo no hiciera más que remar, todo el tiempo, menos que en veces duermo, le digo bien que me hago el lago completito en una semana, con sus domingos. Pero desde que no soy na tonto, le ando dando vueltas para ir pescando justito el alimento que necesito, y así los peces, que ya me conocen, a mi y a mi dalcafote, se van distrayendo; que si no, están avisados y no pican. Por eso le doy las vueltas al lago, y pa seguir a algunos que van cambiando el sitio en lo que cambian las corrientes y los tiempos del cielo mismo. Que por mi, si no me aburriera tanto, me quedo siempre donde mismo pa el Mulhuén, que fue donde yo le nací. En vez que me hago unas diez vueltas del lago desde que deshuevan las huepilpuyes a que lo hacen de nuevo.

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Fatigando Ficciones

Toqué a la puerta varias veces, con insistencia. La casa, una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía, parecía abandonada por lo silenciosa, pero yo sabía que estaban ahí, porque después de mucha insistencia enviándole mis cuentos y relatos, me había devuelto una notita, que yo quisiera imaginar de su puño y letra, aún cuando la mano era, obviamente, de alguna mujer, y muy distinta a su propia letra que yo vi tantas veces: "Está bien, Irizarri; lo espero mañana después de la cena, a eso de las diez" decía la nota y su nombre escrito con la misma mano, más abajo, iba acompañada de un garabato que evocaba su rúbrica.

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